domingo, 31 de mayo de 2009

David


No sabía ni cómo pero se había dejado convencer para ir a un fiesta de fin de año con Rebeca. Le había dicho que iba a ser genial y que iban todos sus amigos y que tenía que hacer amigos. Y en ese momento se encontraba sentado en el asiento del copiloto mientras sonaba un disco de los Who. Cantaba la canción que sonaba para sus adentros mientras ella le decía que no se preocupara por nada, que iba a gustarle a sus amigos. Vio muchos campos amarillos, vio una autopista larguísima y le entró un escalofrío.
-¿Vamos a fuera de la ciudad, Rebeca?
-Al pueblo de un amigo. 
David tragó saliva e intentó no comerse la cabeza más de lo que lo estaba haciendo.
-¿Por qué lo dices?
Le tembló la mandíbula antes de contestarle.
-Nada, porque me suena este camino. 
-¿Eres de algún pueblecito de por aquí?
Él la miró y entendió algo. Rebeca sabía algo de él que no le había contado. Sabía de dónde venía. Se lo notaba, David no se chupaba el dedo. Sintió un poco de rabia y cogió aire.
-Sí, de SweetVille.
Ella sonrió y le miró con los ojos abierto. David se acordó de Alice al ver esa mirada y sonrió. 
-Pues vamos allí, David. A lo mejor conoces a alguien de la fiesta...
Él supo desde ese momento que conocería a alguien seguro. Primero, porque no era un pueblo muy grande y allí se conocían todos y segundo porque se le veía a la legua que alguien le había dicho que le conocía. 
-Supongo que sí, Rebeca. Si entras por esa entrada tardas menos.
Ya llevaban una hora y media de viaje y la carretera sinuosa que llevaba a su pueblo estaba enfrente de ellos. Era un atajo de unos 20 minutos que le enseñó Jack. Ya era de noche y cuando entraron al pueblo la luna bañaba las piedras que formaban el suelo dándole un brillo especial. Pasó por mil casas, por mil recuerdos. Pasó delante de la casa de Agatha y se encogió en el asiento al ver a su madre tirando la basura. Estaba más delgada que cuando se fue, pero tampoco le extrañaba. Pasó por la puerta de su antigua casa y vio a la vecina que le impedía tocar la guitarra a partir de las nueve de la noche. Se rió al recordar las mil disputas que tuvo con ella. A pocos metros estaba la casa de sus padres, que le alimentaban con macarrones cuando vivía solo.
Rebeca aparcó cerca de la plaza del ayuntamiento y sacó las llaves de la ranura. Le miró y David  desabrochó el cinturón lo más lentamente que pudo. Rebeca abrió la puerta con brío y buscó las chaquetas y las botellas que habían traído en el maletero. David abrió la puerta y salió fuera del coche. El olor de su pueblo se le metió en las fosas nasales, ese pueblo siempre olía a dulce. 
-Venga, vamos, es esa casa.
Cuando David vivía en el pueblo esa casa estaba abandonada. Nadie la compraba ni alquilaba. Él mismo la rechazó cuando quiso independizarse de sus padres. Andó por las piedras que llegaban a la puerta con Rebeca detrás. Le temblaban un poco las piernas cuando subió el escalón hasta la puerta. Ella tocó el timbre y escucharon música dentro de la casa y muchas risas. La fiesta parecía haber empezado. Se escucharon pasos rápidos y una carcajada antes de que se abriese la puerta. Lo que vio en ella le dejó impactado, aunque la mitad de él suponía que ocurriría. 
Le miró de arriba a abajo. Seguía igual de delgado, igual de alto y su pelo seguía igual de revuelto. Rizado, incontrolable y de color de los ojos de Alice. Pero tenía un aire distinto, David lo notaba.  Se había dejado barba de tres días y llevaba una cinta en el pelo de color azul celeste. 
David se la cogió sin decirle nada y este le tendió la mano después de que Rebeca le hubiese abrazado y se metiera para dentro. Se quedaron los dos en silencio, David notaba su mirada en la frente mientras él miraba la cinta azul celeste. 
-Sabía que lo habías tramado tú.
-¿Quién lo va a tramar sinó?




martes, 26 de mayo de 2009

Andy


Andy preparaba cafés hoy sin parar. El turno de tarde del día de fin de año no le gustaba y además David se había pedido el día libre. Más bien se lo había dado Andy, sabía que necesitaba no trabajar durante algunos días. 
Pensó en invitarle a comer el día de año nuevo pero no sabía si iba a salir durante la noche anterior. Sabía que la chica de los libros le había invitado a una fiesta pero él se negaba a ir, pero sabía que acabaría por hacerlo. Así que le dio el día libre para que pudiese descansar. Ella había venido por la mañana con la mejor de sus sonrisas y supo del todo que él tendría una buena noche. 
Susan le dijo algo sobre unos bocadillos para la mesa cinco. Despertó de su sueño imaginario y se puso manos a la obra.
Estaba muy preocupado por el camarero. El día de Navidad hablaron después de que él tuviese una llamada de teléfono. Andy le encontró llorando en el rellano de su casa con el teléfono en la mano y luego fueron a dar un largo paseo. Duró acerca de dos horas, y hablaron de muchas cosas. En verdad hablaba más Andy que el propio camarero pero sabía que a este no le molestaba. Que solo necesitaba no estar solo, sentirse acompañado. Se rió al pensar que en el justo momento de silencio incómodo, cuando ya no sabía que más contarle, el camarero se sintió cómodo.
-Me han llamado unos amigos.
-Los amigos no te hacen llorar.
Él pateó una piedra de tal forma que le golpeó en los talones a una mujer que andaba delante de ellos. Esta se giró y le gritó algo al camarero.
-Lo siento señora. Dicen que los amigos te deben de decir la verdad y también se dice que muchas veces las verdades duelen. Esta verdad se me ha clavado como un puñal en el corazón.
Andy le miró. No dijo nada. El camarero murmuró algo y él no lo pudo oír. 
-La verdad es que debería volver a verles. 
-¿Cómo?
-Pasó algo muy feo, mucho Andy, y no fue culpa de ellos. Y yo, en vez de ayudarlos, me vine aquí. Solo. Y sin decirles absolutamente nada.
-¿Nada, nada?
-Dejé una nota. 
-¿Y nada más?
-La letra de una canción.
-¿Y por qué te fuiste?
-Ya te lo he dicho, nos pasó algo.
-Pero...¿Ellos te habían fallado?
-No, no, para nada. Eran los mejores amigos que podía tener.
Andy suspiró.
-Y no crees que a ellos les dolió que no les explicarás nada.
-Creía que era obvio en su momento.
-No todos están en tu cabeza, David. No todos piensan como tú ni todos actúan de la misma manera que tú. Si eso fuese así, el mundo sería el peor lugar para vivir. Clones unos de otros. Ellos tendrán otra forma de actuar ante las situaciones, y si os pasó algo no solo te pasó a ti, también a ellos.
-Ya lo sé, es algo que ya había pensado. 
-Yo creo que nunca es tarde para recuperar una relación, creo que deberías ir y os podréis decir todo lo que no os habéis dicho este año. Pasara lo que pasara, si te quieren y creo que lo hacen, se sintieron abandonados. 
Andy rió al cerrar el último bocadillo de atún con lechuga y mayonesa. Ese día se apuntó un tanto a su favor, sabía algo de él, por fin. Y pese a que las personas no eran lo suyo, había conseguido hablar con él sin soltar ninguna burrada. Se reía al pensar que toda la empatía que había sentido ese día era gracias a su mujer. Ella se lo había enseñado todo lo que sabía sobre las personas. Bueno, incluso le había dado a Sandra, de la cual aprendía día a día. Paso a paso, como los tímidos pasitos de ella por el comedor al verle entrar por la puerta. “Es preciosa”.

("Caos Perfecte", foto por http://socdelsud.blogspot.com/ ^^)