martes, 26 de mayo de 2009

Andy


Andy preparaba cafés hoy sin parar. El turno de tarde del día de fin de año no le gustaba y además David se había pedido el día libre. Más bien se lo había dado Andy, sabía que necesitaba no trabajar durante algunos días. 
Pensó en invitarle a comer el día de año nuevo pero no sabía si iba a salir durante la noche anterior. Sabía que la chica de los libros le había invitado a una fiesta pero él se negaba a ir, pero sabía que acabaría por hacerlo. Así que le dio el día libre para que pudiese descansar. Ella había venido por la mañana con la mejor de sus sonrisas y supo del todo que él tendría una buena noche. 
Susan le dijo algo sobre unos bocadillos para la mesa cinco. Despertó de su sueño imaginario y se puso manos a la obra.
Estaba muy preocupado por el camarero. El día de Navidad hablaron después de que él tuviese una llamada de teléfono. Andy le encontró llorando en el rellano de su casa con el teléfono en la mano y luego fueron a dar un largo paseo. Duró acerca de dos horas, y hablaron de muchas cosas. En verdad hablaba más Andy que el propio camarero pero sabía que a este no le molestaba. Que solo necesitaba no estar solo, sentirse acompañado. Se rió al pensar que en el justo momento de silencio incómodo, cuando ya no sabía que más contarle, el camarero se sintió cómodo.
-Me han llamado unos amigos.
-Los amigos no te hacen llorar.
Él pateó una piedra de tal forma que le golpeó en los talones a una mujer que andaba delante de ellos. Esta se giró y le gritó algo al camarero.
-Lo siento señora. Dicen que los amigos te deben de decir la verdad y también se dice que muchas veces las verdades duelen. Esta verdad se me ha clavado como un puñal en el corazón.
Andy le miró. No dijo nada. El camarero murmuró algo y él no lo pudo oír. 
-La verdad es que debería volver a verles. 
-¿Cómo?
-Pasó algo muy feo, mucho Andy, y no fue culpa de ellos. Y yo, en vez de ayudarlos, me vine aquí. Solo. Y sin decirles absolutamente nada.
-¿Nada, nada?
-Dejé una nota. 
-¿Y nada más?
-La letra de una canción.
-¿Y por qué te fuiste?
-Ya te lo he dicho, nos pasó algo.
-Pero...¿Ellos te habían fallado?
-No, no, para nada. Eran los mejores amigos que podía tener.
Andy suspiró.
-Y no crees que a ellos les dolió que no les explicarás nada.
-Creía que era obvio en su momento.
-No todos están en tu cabeza, David. No todos piensan como tú ni todos actúan de la misma manera que tú. Si eso fuese así, el mundo sería el peor lugar para vivir. Clones unos de otros. Ellos tendrán otra forma de actuar ante las situaciones, y si os pasó algo no solo te pasó a ti, también a ellos.
-Ya lo sé, es algo que ya había pensado. 
-Yo creo que nunca es tarde para recuperar una relación, creo que deberías ir y os podréis decir todo lo que no os habéis dicho este año. Pasara lo que pasara, si te quieren y creo que lo hacen, se sintieron abandonados. 
Andy rió al cerrar el último bocadillo de atún con lechuga y mayonesa. Ese día se apuntó un tanto a su favor, sabía algo de él, por fin. Y pese a que las personas no eran lo suyo, había conseguido hablar con él sin soltar ninguna burrada. Se reía al pensar que toda la empatía que había sentido ese día era gracias a su mujer. Ella se lo había enseñado todo lo que sabía sobre las personas. Bueno, incluso le había dado a Sandra, de la cual aprendía día a día. Paso a paso, como los tímidos pasitos de ella por el comedor al verle entrar por la puerta. “Es preciosa”.

("Caos Perfecte", foto por http://socdelsud.blogspot.com/ ^^)

2 comentarios:

Le Regard dijo...

Cuán duro es a veces volver atrás a pesar de la oportunidad de enmendar un error, una mala senda... Si comprendiéramos sin miedo, que con frecuencia ello nos libera de muchas de nuestras cadenas, quizá nos costaría menos...

Muy buen relato, me encanta!

Le Regard.

kayako saeki dijo...

Los tres necesitan esa konversación pendiente.... Y yo estoy loko por ke la tengan!!!
Me alegra un montón volver a leerte!!!

besos