viernes, 3 de abril de 2009

David


-Dígame.
Cerraba la puerta con una mano mientras que con la otra cogía el teléfono con fuerza.
-¿David?
Reconoció esa voz, no supo que contestarle. Dudó mientras se agarraba a la barandilla con fuerza si debía colgar o decir algo.
-Sí.
Fue lo único que acertó a decir. Ella le felicitó la navidad y le preguntó cómo estaba. A David le temblaron las piernas, y se agarró aún con más fuerza a la barandilla. Crujió la puerta y Andy se le quedó mirando. Sabía que tenía que decir algo.
-Eeeem, muchas gracias Alice, igualmente. Estoy bien.
-¿De verdad?
Su tono parecía preocupado. David sintió que estaba harto de aguantar.
-Ya lo sabes, no has cambiado nada.
Se sentó en el suelo y Andy cerró la puerta y se puso depié a su lado.
-Sabes que por aquí puedes aparecer cuando quieras.
-No, Alice, no es tan fácil.
-¿Y te resulto fácil desaparecer sin más, sin dar ni una explicación y dejando una jodida nota que ponía "no puedo estar aquí, lo de Agatha ha sido muy duro" y pirarte sin más?
A Alice le tamblaba la voz. Estaba histérica. David sintió que le ardían los ojos, había sido un cobarde. Cayó una lágrima y le mojó la bragueta del pantalón, vio como la mancha crecía a medida que las lágrimas iban cayendo.
-Alice, yo...
Se escuchó una voz de fondo, y David dejó de notar la respiración nerviosa de su amiga.
-David, soy yo, perdónala que no ha dormido bien. ¿Cómo te va todo?
Escuchó una voz masculina y se sintió menos tenso.
-Bien, bueno, ya sabes, aguantando, como siempre vamos.
Al otro lado del teléfono escuchó una carcajada.
-Siempre igual, ¿eh?
-Qué.
-Que no cambiarás nunca. ¿Has hecho muchos amigos en Storm-Town?
David se quedó sin habla. Paralizado.
-Cómo sabes que estoy aquí....
Él rió aún más.
-Alice, sí que está allí.
David se puso nervioso y se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta.
-Y a vosotros cómo os ha ido todo.
-Fue jodido al principio, pero ahora lo llevamos mejor. Estamos viviendo juntos.
David se alegró, se alegró de verdad, pero no podía seguir escuchándoles. No podía, le dolía el corazón y se le nublaba la mente. Quería correr, gritar, volar, tirarse desde un quinto piso y que su cerebro se expandiera por el asfalto. Quería olvidar todo lo que ellos querían recordarle.
-Me alegro, tío. Oye, hablamos otro día mejor, que me pillas en un mal momento.
-Claro.
Y dejó de escuchar su voz. Y solo hubo silencio y la respiración de Andy se escuchaba acompasada, suave. A David le dio una sensación de calidez.
-Andy, ¿me acompañas a dar un paseo?
-Espera que coja la chaqueta.


1 comentario:

kayako saeki dijo...

Kuanta tensión en esa llamada telefónika.....
David ¿añora? o ¿repudia?....
Desde luego las experiencias de las personas son un mar de dudas.... y en okasiones de lágrimas....

un besazo....