miércoles, 4 de marzo de 2009

David


David se sentó asustado entre la mujer de Andy y su prima Susan. El que esta última estuviera presente le daba seguridad. Estaba nervioso, le temblaban los dedos cuando le estrechó la mano a Andy nada más llegar. La pequeña Sandra le miraba desde el sofá con recelo y David le sacó la lengua; la niña tras un primer desconcierto, estalló en una carcajada.
Susan no paraba de parlotear, no había parado en toda la comida y su novio, sentado enfrente de ella, miraba con impaciencia el reloj. A David no le gustaba para Susan, le veía demasiado frío y distante para alguien tan salvaje. “Pero a veces los polos opuestos se atraen”. Le entró una punzada en el corazón.
-¿Quieres café?
David asintió y vio como las dos chicas se marchaban con la niña dejando al muchacho con el novio de Susan mirándole.
-Y tú qué haces aquí.
David le miró y pensó en coger la botella y estrellársela en la cabeza.
-Andy me ha invitado.
El otro lanzó un suspiro de indiferencia lo que hizo que el muchacho sintiera aún más ganas de estrellarle algo. Andy apareció con una bandeja y leyó los ojos de David.
-Ey, Susan quiere enseñarte algo.
“Por fin a solas”
Empezaba a estar más cómodo; relajó la postura mientras servía café en las dos tazas. Cogió un cigarro del bolsillo derecho de la camisa y lo encendió. No solía fumar pero últimamente tenía desazón y el desazón solo lo sabía curar con tabaco y alcohol.
-¿Me das uno?
David se lo tendió mientras soltaba el humo.
-¿Te pasa algo?
A David se le atragantó la calada. Tosió.
-Emm, no.
-Estás más raro de lo normal.
David rió.
-¿Crees que soy raro?
Andy sonrió. David creía en él más que en nadie. Resultaba en algunas ocasiones algo pesado pero sabía que su jefe deseaba protegerle. Lo veía en los ojos de este, como los había visto en los de Agatha. Pero los de ella eran mucho más bonitos...
-Sé que te pasa algo, así que no me vengas con cuentos.
El vino de la comida le había hecho ir más directo.
-Nada, Andy, que no me gustan las Navidades.
-¿Por qué?
Cuando se ponía serio, a David le daba miedo contestarle mal; como si de su padre se tratara.
-Recuerdos supongo.
Sabía que no tenía que abrir esa puerta. Sabía que le preguntaría algo, sabía que debería haber dicho “porque estoy lejos de casa, supongo” o “porque el frío me sienta mal”; pero el vino también le había afectado a él y no se comunicaban bien el cerebro y la boca. Andy sonrió, sabía que había dado un paso.
-¿Qué tipo de recuerdos?
David le dio un trago al café y lo saboreó, “buen café”. No quería decirle nada, quería coger la chaqueta y marcharse. David lo meditó con calma y a la vez lo más rápido que pudo y movió ficha.
-Problemas con mis amigos de allí.
Andy asintió mientras se ponía otro café. El también meditaba que tipo de jugaba debía de hacer. David lo notaba, el poner café solo le estaba dando tiempo. Su mente empezó a funcionar a mil revoluciones, buscando el siguiente movimiento e intentando adivinar por dónde le saldría Andy.
-¿ No serían tal vez discusiones por chicas, no?
David rió forzadamente.
-No que va.
Hubo un silencio incómodo, por lo menos para David. Andy escudriñaba en su mente que preguntarle ahora. Al chico a veces le molestaban los interrogatorios de su jefe, pero se le hacían más ligero el trabajo y al menos que no se metiera dónde no debía. Y esta vez había ocurrido algo así. David miró a la cara del hombre y vio que no sabía por dónde salir. Así que aprobechó para coger la cartera, la chaqueta roja y la bufanda negra que le había enviado su madre por el frío. Sonrió al oler a casa.
-Mañana nos vemos Andy.
Este asintió aún sin saber qué decir y el joven cerró la puerta de golpe.
Ring, ring, ring.
David lo cogió sin mirar.


(cuadro de Gustave Courbet, "Sobremesa en Ornans")

1 comentario:

kayako saeki dijo...

EHHHHH !!!
Ke pasa, tengo ganas de más......

besos