viernes, 27 de marzo de 2009

Alice


Cogió el autobús con desgana y ahí estaba el mismo conductor de todas las mañanas. Alice odiaba a ese hombre, tenía una tos crónica y carraspeaba cada dos minutos como si el infierno estuviese en su garganta para acabar en una inmensa flema en el asfalto. Esa mañana se encontraba en ese mágico momento cuando ella subió.
“Que puto asco”
Entró y se sentó en la última fila de asientos, a la derecha, al lado de la ventana. Vio pasar a tanta gente sentada en ese asiento, vio pasar a gente con bicicletas, madres con niños cogidos de la manos... Si no había dormido la gente le asqueaba.
Subieron varios adolescentes y se pusieron alrededor de Alice. Esta arrugó la nariz al ver que nivel de la voz de los chiquillos superaba al de su música y subió compulsivamente el volumen de esta. No había dormido nada, la Nochebuena había sido tranquila en un principio y en un final porque para ella aún no había terminado. Pensó en no ir a comer a casa de su madre cuando vio las horas que se le habían hecho pero sabía que ella era lo que más quería. Así que se había tomado cuatro cafés en media hora y se había montado en el autobús. Le dolía la garganta de lo mucho que había fumado durante la noche, le dolía el cuerpo de lo mucho que había bailado y saltado y la cabeza de lo mucho que había bebido; y se encontraba rodeada de niñatos con móviles con la música puesta. El “Traka-Traka” se le incrustó en el cerebro y sintió un gran alivio al ver que su parada era la próxima. Deseo apartar a los chicos con una patada pero en vez de ello los saltó y se bajó lo más rápido que puso sin antes ver como el conductor soltaba uno de esos escupitajos por la ventana. Le entraron arcadas.
Andó un par de metros y miró la casa de su madre con ternura. Vio su ventana, y el olorcito de la comida recién hecha le golpeó en el estómago aún revuelto. Cogió aire y se encendió un cigarro antes de entrar a casa. Se sentó en las escaleras en las que solía esperar a Jack cuando aún no vivían juntos y vio en el suelo el corazón tachado de cuando aquello con David. Sonrió con amargura al recordar que hacía un año que no lo veía. Notó corriente en la espalda y alzó la cabeza, su tía la miraba con cariño desde arriba. Se quitó los cascos para escuchar lo que le decía.
-Te estábamos esperando, nena, solo faltas tú.
Entró en su casa y sus primos corrieron a enganchársele a las piernas. Se los quitó a duras penas mientras besaba a su madre.
-¿Y Jack?
-Con su padre.
A la madre de Alice le entusiasmaba Jack. Lo conocía desde siempre y supo desde el primer día que acabarían juntos. Incluso fue ella quien les animó a alquilarse la casita en la otra punta del pueblo. De eso mismo se centró la conversación familiar en la comida, la vida de Alice. Era la novedad, los demás primos eran o muy pequeños o muy mayores y las cosas que les pasaban no causaban demasiado interés para su familia. Pero el que Alice saliese con un chico y viviese con él les parecía la bomba. Alice odiaba toda esa hipocresía referente a las fiestas, cuando todo siempre parece ir bien y todos se sonríen pero en cuanto salen de la casa se rajan unos a otros. Cómo si ellos no hibiesen hecho cosas peores que vivir con alguien.
Salió a toda prisa sin haberse tomado el café. Se encendió un cigarro mientras se ponía el abrigo y su madre le decía algo. Piiiiiip, piiiiiiiiiiiip. Él le esperaba fuera. Besó a su madre en la frente, había encojido, antes tenía que auparse para poder hacerlo o que la propia Alice había crecido.
-Abrígate, ¿eh? Que hacen dos grados.
-Sí, mamá.
-No me digas sí mamá para luego no hacerlo. Toma una bufanda.
Alice saltó hasta el coche de Jack y al entrar ambos se despidieron con la mano.
-¿Qué tal la comida?
-Típica, ¿y la tuya?
-Aburrida.
Ambos quedaron en silencio. Algo les rondaba la cabeza. Se miraron.
-¿Tú crees que contestará?
-Jack, es Navidad...
-¿Y qué?
-Ya bueno, pero tengo una corazonada.

1 comentario:

kayako saeki dijo...

Estoy enganchadito a la historia....
Me enkanta Alice.....

besitos....