martes, 3 de febrero de 2009

Una melodía nueva...


David

Las cosas se habían complicado para David tras su marcha del pueblo. Se sentía culpable de lo ocurrido con Agatha y se había vuelto introvertido. Consiguió un trabajo y un piso, el cual compartía con dos estudiantes, en la ciudad más gris del país. Los edificios, altos y acristalados rompían el cielo y el humo que salía de los tubos de escape y de las chimeneas de las fábricas de las afueras de la ciudad hacía que el aire fuese denso y secara la garganta de David. Odiaba esa ciudad.
Se miró al espejo. No le gustaba lo que veía, ya no se gustaba a él mismo. Pelo oscuro revuelto, lo había dejado crecer y le llegaba hasta los hombros. Sus ojos rojos le recordaban que apenas diez minutos antes estaba durmiendo en la cama. Se fijó en su cara y tenía las marcas de la almohada en la mejilla y bajo sus oscuros ojos unas negras ojeras delataban que no dormía bien desde hace mucho. Realmente apenas dormía. La imagen de Agatha en la bañera rodeada de ese líquido carmesí le venía a la mente en cuanto cerraba los ojos.
Se lavó la cara y olvidó esa imagen. Salió del cuarto de baño y el aire frío de diciembre le golpeó en la cara. Eran las ocho de la mañana de un quince de ese frío mes. Pero a David el tiempo ya no le importaba, había dejado de contarlo.
Se enfundó en los pantalones negros de trabajo con esa camiseta de color gris oscuro; zapatos negros. Se puso una cazadora roja y salió de su casa. Mientras caminaba hacia el trabajo empezó a llover. David perdió el paraguas hacía un mes y la capucha de la cazadora la tenía rota.
"Genial"
Era una de esa lluvias finas que parece que no pero te calan entero. Cada gota que le caía en la cabeza le molestaba como cada picadura de mosquito en los veranos en el pueblo. David estaba enfadado con la lluvia; aunque era algo habitual porque siempre estaba enfadado. Pensó que huir le ayudaría, pero se equivocaba. Durante ese año no fue capaz ni un día de olvidar nada del pueblo; el local de ensayo, la cafetería de Sam, el campus a las afueras, el parque... y a sus amigos. Estaba enfadado con él mismo por haberles dejado solos. Estaba enfadado por no haber sido capaz de cuidar de Agatha y por huir cuando sus amigos más lo necesitaban. Se odiaba por no haberse dejado ayudar por ellos. Nunca los llamó y ellos si lo hicieron. Al principio las llamadas eran compulsivas, cada hora. Pasaron a ser diarias, y de diarias a semanales. Siempre llamaba el viernes a las once de la noche; cuando siempre quedaban. David nunca respondió. Sabía que no dejarían de hacerlo; Alice no se iba a rendir tan fácilmente aunque Jack le dijera que era mejor que le dejasen solo. David tenía miedo de que al responder le recriminaran haberse ido sin decir nada. Sentía miedo de ser rechazado por los únicos en los que había confiado.
Por eso se volvió introvertido, por eso y porque tenía aún más miedo de decepcionar o destrozar la vida de alguien. Su enfado lo transmitía a los demás; no había hecho ninguna amistad en todo el año ni había conocido a ninguna chica, tampoco quería hacerlo. Hablaba poco, aparte de en el trabajo o en el piso; prefería estar solo y con sus compañeros poco se relacionaba.
Llegó al trabajo, el jefe le saludó. Un trabajo de seis horas o más diarias subiendo y bajando unas escaleras de un bar de tres pisos. Era la hora del desayuno y en esa hora solo acudían ejecutivos o trabajadores que esperaban que fuese la hora de empezar e irse a uno de esos horribles rascacielos acristalados que reflejaban la horrible polución de esa ciudad. Odiaba servirles el desayuno a esos ricos que se limpiaban el culo con billetes de veinte pavos mientras que él tenía que subir esos tres pisos por ese maldito billete. Odiaba ese trabajo, y odiaba madrugar.



(Foto de Gertudre Käsabier, se llama "Gárgola")

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