sábado, 14 de febrero de 2009

Nueva Melodía....


David

David estaba inquieto. Hacía una semana que hablaba con la chica de los libros. Andy le dijo que se llamaba Rebeca pero él le seguía llamando “la chica de los libros”. Le caía bien, sabía de música y era muy simpática; empezaba a sentirse cómodo cuando hablaba con ella. A David esto le daba un poco de miedo. Creyó que sería una relación de bar habitual; la chica iba y él hablaba con ella. Su relación no duraba más de una hora diaria y en verdad se estaba empezando a acostumbrar a ella. Pero no lo quería reconocer. Era lo único que le hacia tener ganas de trabajar en el turno de mañanas , incluso hacía que las insistentes miradas de preocupación de Andy cesaran.
Después de la conversación de la anterior semana Andy no le había vuelto a decir nada sobre eso; solo le preguntaba sobre la chica de los libros. Eso le aliviaba, no le gustaba sentirse presionado.
Sonó el despertador y golpeó la mesita de noche hasta que lo encontró. Se sentó en la cama con las mantas a la altura de la cintura y se rascó en la espalda. Se quedó mirando a la pared blanca, aún no había puesto nada para decorlarla, y bostezó. Pensó que debería poner algo mientras se calzaba en las zapatillas de ir por casa. Abrió la puerta del cuarto y vio pasar a uno de sus compañeros de piso.
-No se supone que tú hoy no trabajabas.
David le miró, aún estaba demasiado dormido para articular palabra pero en un esfuerzo abrió la boca y de ella solo salió un bostezo. Era uno de esos bostezos que crujían todo el cuerpo y en los que haces incluso ruido, su compañero se rió.
-Tengo que ir al banco.
Entró en el cuarto de baño y encendió el grifo de la ducha, el agua caliente empezó a brotar hasta que el vapor inundó el cubículo y empañó el espejo en el que David se estaba mirando. Se quito la ropa y conectó la radio para escuchar algo mientras se duchaba. Sonaba Precious de los Depeche Mode en el momento en el que metió el pie en la bañera, le quemaba en agua pero no le importaba demasiado. Se metió debajo del teléfono y el agua recorrió la espalda, haciendo carreras, adelantándose unas gotas a otras, atropeyándose entre ellas. Le encantaba esa sensación, le calentaba la espalda en los diás frío y no había nada más frío que el mes de diciembre. Además faltaba poco para Navidad y a David no esque le gustara mucho.
Cuando salió de la ducha se calzó en los primeros vaqueros que encontró a mano. Salió hacia el cuarto en busca de una camiseta y tropezó con el gato de su compañero John. El gato le bufó y arqueó la espalda de tal manera que David creía que le iba a clavar las uñas en sus pies descalzos; la sola idea de que eso iba a ocurrir le hizo huir y esconderse en el cuarto. Ese gato estaba gordo y se llamaba Garfiel.
“Que original” pensó David cuando John le dijo cómo se llamaba.
Pero David realmente le tenía manía, bueno manía y miedo. Un día estando en el sofá se le sentó al lado y David sin quererlo le piso la cola. La respuesta del gato fue un aullido desgarrador acompañado de un arañazo en el brazo.
Salió de casa con prisa, corrió a toda velocidad por las largas e idénticas avenidas de la ciudad. Tenía que ir al banco antes de las diez y media para que le diera tiempo a pagar el recibo del alquiler. Luego, si estaba de humor, a lo mejor se pasaba por el bar. Nunca lo había hecho sin tener que ir a trabajar pero sabía que si iba a Andy le reconfortaría. Además quería llegar a tiempo para ver a la chica de los libros, quería prestarle un cd.
Cuando entró en el banco el reloj de la pared marcaba las diez menos cuarto. Vio que la cola que esperaba antes de él no era muy larga pero que en ventanilla una anciana intentaba guardar dinero en la cuenta. Era una de esas personas mayores que se te ponen delante en la cola del supermercado y que tardan lo inimaginable para pagar porque no se ven y van monedita a monedita.
David se desmoralizó, no iba a llegar a tiempo al bar para verla. Tardó diez minutos en poder llegar a ventanilla y tras hacer su pago corrió hacia el bar para ver si la veía. Apenas la conocía de nada pero le ilusionaba el hecho de poder verla. Pensaba que era el hecho de que se había pasado un año sin amigos y se sentía muy solo y aunque Rebeca no fuese su amiga, se estaban uniendo de alguna manera. A David le atraía pero no lo quería reconocer.
Cuando llegó al bar vio a Andy en la barra. Este se sorprendió por verlo allí y miró hacia las escaleras por las que Susan estaba bajando.
-Anda pero si has venido sin tener que trabajar.
-Sí, Susan, me apetecía uno de tus cafés.
David pensaba de ella que era demasiado habladora, pero le caía bien. Para él, esa chica de cabello del color de la zanahoria rayada, era un encanto al que le daban a veces demasiada cuerda. Pero no quitaba que fuese buena persona.
-¿ Qué haces aquí? Es raro...
-Nada, me apetecía un café.
Andy rió.
-Ya se ha ido.
David enmudeció.
-Sales de aquí hacia tu casa y la primera calle a la derecha. La tienda se llama Old Records. El cartel es negro con letras blancas.
David asintió y se tomó el café sin rechistar. Al terminarlo se despidió y salió de bar siguiendo las instrucciones de Andy.
“Tengo que ir como si fuese para casa. Vale, en esta dirección. Ahora, la primera calle a la dercha. Giro. Mierda, no veo ninguna tienda. Me estoy empezando a poner nervioso, esta calle es muy larga... Debería de seguir andando en vez de quedarme quieto como un estúpido. Ahí está. Old Records. El cartel está muy bien, con el vinilo en rojo y todo. Mejor entro a ver si está. Joder, esta puerta se atasca..”
-Tira con más fuerza, que es vieja y le cuesta un poco.
David abrió y allí estaba ella.

(El dibujo es mío)



2 comentarios:

kayako saeki dijo...

Komo siempre tus relatos son originales y super interesantes...
Me enkanta pasarme por akí y verte por allí...
Hasta pronto...
un besito!

Maria. dijo...

Uau, Eme...

Me he puesto la canción para leer el relato y teleta!

El hecho de que sean los Depeche, de que sea València, de que la historia acabe en suspense... Me gusta, me gusta.

T'estime perla. Vull un café amb tu i molts besets per pujar-me l'ànim.