jueves, 5 de febrero de 2009

Melodía nueva o Nueva melodía


Andy

Le vio entrar y le saludó. Él le respondió con una palabra y enseguida se fue a atender a un cliente. Desde que David trabajaba en el bar nunca le había visto reír. Esto a Andy le preocupaba, se sentía protector con él. Le había visto sonreír a clientes pero era una sonrisa forzada y parecía que se pusiera una máscara. Andy no sabía apenas de él aparte de los datos personales del currículim que le dio un año atrás. Nunca hablaba más de lo necesario y le daba la sensación de que salía del trabajo para ir a casa y de casa iba al trabajo.
Andy tenía 35 años y llevaba un bar. Un bar que llevó su padre y que fundó su abuelo. Se le daban muy bien los números y pese a eso, no quiso estudiar después del instituto. Se había criado en ese local y quería trabajar en él hasta que no fuese capaz de hacerlo más. A su padre le ilusionó mucho que lo hiciera ya que ninguno de sus dos hermanos se lo había planteado. Y así fue como pasó a ser dueño del bar cuando su padre no pudo trabajar más
David le dijo que necesitaba un café con leche. Mientras Andy lo preparaba, el camarero se mantenía en silencio. El dueño sabía que le pasaba algo, lo supo desde el primer día. No se lo había preguntado ni quería hacerlo por miedo a incomodarle. Pero le carcomía por dentro. Anoche le dijo a su mujer antes de dormir que estaba preocupado por él y ella le aconsejó que le dijera algo; que no se lo dijera directamente, pero que se lo insinuara. A ella se le daban mejor las personas que a él, Andy era para los números. Pero se lo estaba planteando mientras preparaba ese café con leche.
Después de servir el café, David volvió enfuruñado y le tendió un billete.
-¿Por qué los ejecutivos siempre pagan con billetes grandes? Deberían saber de sobra que a primera hora no hay cambio. Si muchos más nos pagan así nos va a tocar ir a buscar.
Andy rió, cuando hablaba David se le hacía raro.
-Supongo que porque les sobrará el dinero.
David asintió y cogió el cambió que su jefe le dio. A la vuelta del camarero solo hubo silencio. Sabía que a Susan le incomodaba mucho que se quedara así en silencio.Si hubiese sido Susan, Andy se hubiese puesto a contarle cual estupidez con tal de hablar. Algunos días lo hacía, pero hoy el silencio de David le molestaba.
-David.
Este le miro.
-Dime.
-¿Cómo es tu risa?
El camarero se quedó paralizado.
-¿Cómo?
-Nunca te he visto reír.
Este sonrió y a Andy le molestó aún más porque sabía que lo hacía para que se callara. No estaba sonriendo de verdad.
-David...
-El otro día cuando Susan contó ese chiste me reí, Andy.
-Yo creo que era más bien una risa forzada. Me refiero a una carcajada de verdad...
David palideció. Al jefe le supo mal haberle incomodado, veía al chico como a un hermano pequeño.
Sonó la campanita de la puerta y entró una chica joven.. Les sonrió y les pidió. Café con tostadas. Esa chica trabajaba en una tienda de música enfrente del bar. Aunque no entrara a trabajar hasta las diez, llegaba una hora y se iba un minuto antes de abrir. Pasaba esa hora leyendo algún libro y desayunando con calma. Andy alguna vez habló con ella y pese a su juventud le pareció una persona centrada e inteligente. Le gustaba que viniese cada mañana, de vez en cuando le recomendaba algún libro o alguna exposición interesante.
David intentaba quedarse a solas con Andy lo menos posible. Y voló al tercer piso nada más tener el café sin esperarse a las tostadas. Al bajar a por ellas, el jefe se encontraba en la barra aún haciéndolas. Andy le miraba de reojo y sabía que su camarero estaba tenso.
-Andy, no te preocupes, solo que soy un poco más serio de lo normal.
-Ya.
El camarero se subió y Andy atendió a otras clientas habituales. Un grupo de madres que trabajaban en el edificio de enfrente; en una industria de mensajería. Venían de dejar a sus hijos en el colegio. Se tomaban un café y se iban corriendo al trabajo, lo hacían cada mañana.
A Andy le gustaba su rutina.


(Imagen: Litografía de Honoré Daumier, "EL Conocedor")

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