jueves, 26 de febrero de 2009

Jack


Jack tenía la mosca detrás de la oreja. Había ganado un concurso de fotografía e iba a exponer en StormTown, la ciudad más gris del país, pero lo único que escuchaba por parte de los dueños de la galería eran excusas tontas para retrasar la exposición. Estaba algo nervioso cuando cojió el coche para volver a casa. Se sentó en el asiento del conductor y recapituló.
Se había levantado a las seis y media de la mañana para llegar a tiempo a la reunión con los dueños. Había dejado a Alice en la cama, sabía que si él no estaba no se despertaría a tiempo para clase. Se había duchado y había desayunado un café rápido antes de irse. Eran dos horas las que separaban la ciudad y su pueblo. Dos horas conduciendo. Cuando llegó a la ciudad fue a ver a una amiga a la que hacía meses que no veía. Cuando iba a entrar a la tienda le pareció ver a un antiguo conocido. Esos andares solo los tenía él, eran reconocibles. Eso también le mosqueaba.
Decidió llamar a Alice antes de salir para casa.
-¿Sí?
-¿Qué tal el día?
-Me dormí y no fui a clase. ¿Qué tal con los dueños de la galería?
Jack rió, lo sabía.
-Mal, no me exponen hasta casi marzo.
Hubo silencio, Jack sabía que ella no sabía que decir y cuando no sabía que decir, callaba.
-Salgo ya de aquí. Me quedan dos horas.
-Ya lo sé ya....
-Me ha parecido ver a David.
-¿Qué?
-Me pareció verlo.
-Sería tu imaginación, Jack.
-Supongo...
Metió la llave en la ranura y salió hacia casa. Atravesó la ciudad hacia el Este. Esos edificios tan grandes le hacían sentir insignificante, como una pulguita en la espalda de un pastor alemán. El cristal reflejaba el cielo, casi siempre nublado, de la ciudad. En las cristaleras las nubes formaban formas, se retorcían. A Jack le pareció bello. Alice siempre decía que veía lo bello de las cosas más normales o de las cosas que la gran parte de la gente consideraba vulgar o incluso horrible. Le gustaba que ella viese eso en él. Ella fue su primer y único amor, tardó cuatro años en conseguirla y ahora que la tenía el mundo era distinto para Jack.
Giró por el desvío y entró en la autovía. La zona de los suburvios era una zona industrial, probablemente naciese en el siglo XIX. Decenas de fábricas rodeaban la ciudad; muchas nuevas, algunas no tanto y una gran parte de las primeras fábricas. De piedra roja con chimeneas larguísimas del mismo material, Jack se las imaginaba funcionando a toda máquina y saliendo humo por ellas. Le gustaba imaginarse las cosas antiguas cuando no lo eran, en su momento, en su lugar con su gente, a veces les ponía nombres a esa gente. A veces pensaba que era demasiado imaginativo, aunque eso a ella le gustaba. A veces le llamaba el hombre película, a Jack le hacía gracia porque para imaginación la de ella.
Odiaba las largas autovías de su país, todas rectas y con paisajes de color amarillento. A medida que se iba acercando a su casa el paisaje se tornaba más verde. Jack buscó por la guantera del coche hasta que tanteando encontró el tabaco. Cojió uno y lo encendió. Él no fumaba al principio, ella sí y acabó por engancharse. Le dio una calada y el humo bajó por la garganta e inundó los pulsmones. A veces le reconofortaba.
Casi se pasa la salida hacia casa, tuvo que cambiar de carril con un volantazo brusco y casi se como a un conductor. Después de varios pitidos y algún que otro insulto, pidió disculpas con la mano al conductor en sí y entró por el desvío. Era un carretera sinuosa la que llevaba hasta SweetVille, a Alice le daba miedo. Tras un par de kilometros entró en el pueblo. El cielo estaba de un color anaranjado y golpeaba las paredes de las pequeñas casitas que componían el lugar. Pasó por la Avenida y giró a la izquierda. Vio a un par de chiquillos correteando cerca de la puerta de casa. Aparcó, allí casi siempre había sitio y salió del vehículo. Saludó a los niños, allí todos se conocían y estos le chillaron algo. Jack sonrió mientras sacaba del maletero la carpeta con las fotografías que había seleccionado para enseñar a los dueños de la galería. Llegó a la puerta de casa, y abrió con suavidad. Le llegó el olor de la cena que aún Alice estaba preparando. Andó rápido hasta el salón y dejó la carpeta en el primer sofá, Alice canturreaba con los cascos puestos algo que él no entendió, ni siquiera le había escuchado llegar ni que estaba allí mirándole. Jack fue lo más silencioso que pudo hasta ella y le abrazó por la espalda.
-¿Qué narices...?
No le dio tiempo a decir nada más.


(foto mía, anocheceres valencianos...)

1 comentario:

kayako saeki dijo...

Komo siempre me enkantan tus relatos...
¿Has pensado guionizar alguno para hacer un kortometraje o algo así?...
Sigue eskribiendo ke me enkanta...

La foto preciosa.... Rekonozko este cielo tan valenciano... Kon tantas kosas buenas ... ke jode ke todo esté tan sucio, korrupto y jodidamente manipulado...

besos...